La gente no suele tener estas cosas en cuenta, o sí pero, pero yo le doy otra importancia que encaja mejor con el instinto. He dado con la clave. Hasta a mí, que me creo experimentado en estos terrenos, me ha costado darle sentido al asunto. Pero a la vez ha sido obvio todo el tiempo, y es que tienes una mirada violenta, arrebatadora y brutal, demasiado sincera. Vas por ahí desnuda y eso me trae de cabeza, porque mereces una desnudez equivalente. Pero yo no puedo, no así, no todavía, y es que me avergüenzo de las pústulas, del millar de cicatrices, de la mugre que exuda cada poro de mi ser.
La gente no tiene ni idea. No son tontos, saben que algo les desconcierta, pero no pueden adivinar qué. ¿Quién es esta que va desnuda regalando su sonrisa? ¡Quién se ha creído que es! Hay normas, ¡leyes!, contra eso, ¡que alguien la detenga!
Guardo bajo la lengua la llave de tu mazmorra. Tic, tac, tic, tac.

