A veces pensaba y cuando más te pensaba más te quería. A veces te quería y cuanto más cerca te tenía como que más te quería. Porque veía tus ojos, veía tu pelo y te sentía cerca. A veces pensaba y por pensar imaginaba que me querías. Y entonces todo era muy bonito, muy dulce y para nada era empalagoso. A veces me querías y por quererme pensaba que no. Vi que te alejabas, que estabas distante y perdí mi mirada. A veces amaba y por amar amé lo que era bello. A veces, y solo muy pocas veces, pensaba que no estaba loco.
Ahora pienso y solo por pensarlo sé que estoy loco. Y miro a mí alrededor y no veo nada; no te veo. Ahora lo que me pica es la barba, y no aquellas ganas de buscar tu olor. Ahora ya no me dibujo alas, ni me imagino volando; miro mi espalda y encuentro en ella dos alas formidables que me elevan del suelo y me evaden de los problemas, de ti y tu presencia. Y es que ahora mi realidad y la tuya pertenecen a mundos diferentes, porque ayer me abandonaste, o tal vez fui yo quién me fui y ahora eso ya no importa. Ahora ya no pienso; ahora ya no busco.
Ahora hago; Ahora soy. Ahora soy aquel que tú buscaste ayer, aquel que sigues buscando y que ya has encontrado.
¿Y ahora, qué?
Bueno, “estreno” ésto con algo bastante flojito. Escrito entre los “vaivenes” de un autobús… albertt!