El puto Enrique no tiene novia, así que el otro día abrió el flash y mancilló mi obra:
You son of a bitch D=
El puto Enrique no tiene novia, así que el otro día abrió el flash y mancilló mi obra:
You son of a bitch D=
Lidia es la mujer que he estado esperando siempre. Cuando me hablaban de amor siendo yo niño me imaginé que cada persona tenía, en algún lugar del mundo, la otra mitad de su ser que habría de encajar como un puzle perfecto. Y esa es Lidia, mi media naranja, la mitad del todo, la pieza que me completa. La amo con todo mi ser desde mucho antes de conocerla. La he visto a menudo en mis sueños, la he querido aún cuando era solo un retrato sin rostro ni título, un recuerdo velado. Cuando la vi por primera vez no dudé: lo vi en sus ojos. Al principio, ella no reparó en mí, pero daba igual, estábamos destinados y con que uno de los dos fuera consciente de ello ya quedaríamos salvados del gélido infierno de la soledad. Pensé, tranquila mi amor, no te dejaré escapar, serás feliz por siempre, no te dejaré sola, liberaremos nuestras almas, es solo cuestión de tiempo.
Lidia es una chica muy sencilla. Estudiaba en la universidad, decía que quería ser una importante médico, investigadora, quería librar al mundo de las enfermedades. Tenía la sonrisa de un niño, inocente y llena de humildad. Cada vez que sonreía, mi viejo corazón se encharcaba de vida otra vez. Al cabo de unas semanas supe que había querido mucho a aquellos chicos que habían pasado por su vida, ¡los amó tantísimo! Y uno a uno solo supieron hacerle daño, como a mí. Pobre Lidia, ella no sabía que yo existía, solo podía esperar a que llegase.
Lidia estaba sola. Tenía pocas amigas, o ninguna, porque era demasiado buena para ellas. Su belleza natural era el reflejo de su alma pura y noble. La gente vulgar y corriente no soporta saberse mediocre, así que acababan traicionándola, como a mí. La miraban con recelo, la envidiaban. Cada segundo que pasaba desde que la conocí la verdad solo volvía a reafirmarse.
Aún estaba planeando cómo hacer perfecto mi primer encuentro con ella cuando se presentó en mi trabajo. Hola, dijo, y me dedicó una sonrisa. Bajó la mirada hacia el expositor y juraría que añadió algo más, pero no la oí. Cuando quise darme cuenta, ya la estaba estrangulando. Sus ojos acaramelados me miraron suplicantes y sus manos se cerraron en mis muñecas como en una caricia. Un instante antes de perder la consciencia parpadeó lentamente y de sus ojos nacieron dos lágrimas perladas que recorrieron la piel de su rostro con suavidad; fue esta la visión más bella de mi vida. Cuando dejó de moverse quedó tendida en el suelo, como un ave herida de muerte, y desnudé su cuerpo perfecto. Su pálida piel resplandecía con el sol del atardecer que entraba por el ventanal y su larga melena cobriza se derramaba por el suelo como la sangre. Hundí la cara en su cuello terso y jove, lamí sus senos de nata y fresa, aspiré con fuerza el aroma de su sexo, penetré con el mío cien veces en ella y conforme el frenesí aumentaba fui clavando con más ansia el cuchillo en su costado, salpicando el blanco enfermizo de mi piel arrugada con el vivo rojo de sus carnes. Cuando hube alcanzado el clímax, a un paso de alcanzar la felicidad más absoluta, me di prisa en recorrer con el afilado cuchillo el meridiano de su torso para abrir la puerta que daba a su corazón, que aún palpitaba débilmente. Lo degusté sin masticarlo y lo tragué lentamente, sollozando emocionado por el esperado momento.
Ahora que Lidia y yo somos uno, la unidad completa, un alma entera, la cáscara vacía de su ser será la panacea para este mundo de infelices. Cumpliremos su sueño de acabar con los males de la carne, al menos de la gente del barrio, por un módico precio el cuarto de kilo.

=] también sabemos dar miedo y asco. Un poco de escalofriante tontísmo no viene mal por estos vacíos parajes. Por favor no me dejéis de hablar por esto xD