Mira, yo no sé de nada. Todo se me hace polvo, no me vale nada. Todavía fantaseo con robarle a Kazantzakis el epitafio, porque en el fondo es más mío que suyo. No quiero convencerte, no voy a convencerte de que esto es cierto, de que esto es tan real y está tan vivo como tú y yo ahora. No hay intenciones a la sombra para apuntalar esta puerta abierta (¡qué puerta, si no hay ni paredes!). No entiendo de nada, no sé hacer nada y ya tengo un pie en la tumba sin haber vivido nada. Tropiezo con la gente por la calle, hablo con los perros, piropeo a las gatas y me da la risa cuando me llevo un guantazo (que se está haciendo cada vez más habitual, oye). A veces se congrega en mi cerebro un tumulto escandaloso de rumores cancerígenos, y me da por aprender, y me da por enseñar, y me da por ordenar, y hablar, hablar, hablar. Pero viene y se va; me tumbo en la hierba y muevo la lengua a modo de palo, de escoba, y golpeo el paladar como la vecina amargada del primero golpea el techo del salón mandando a callar a esos escandalosos de arriba: ¡Shh! ¡Niñatos, hijos de puta, a callar! Soy, de hecho, un producto defectuoso, un escritor, o comunicador, o puta, que desconoce por completo el lenguaje práctico humano. Otro verde que me fumo sin tener perro.
Masturbo a menudo la idea (esta idea, la idea) y quiero pensar que me corro como la primera, que este orgasmo tiene más sonidos que el arcoíris y más colores que aquella canción, mía, de ti, que no nuestra. Pero no llega (¡disfunción!), no engrosa, no palpita, no lamenta, no explota y es que en el fondo da igual. No vamos a robar el banco, no quiero que me cuentes tu plan porque no vamos a ir. No puedo conjurar, no quiero hipnotizar bestias mansas ni tengo dinero para un calefactor. Si en la casa hace frío es porque la pinté de azul en mi pecho a destiempo (pero da igual).
Es tan de polvo este desierto donde (no) tengo (ni) morada que hasta esta imagen se deshace con el soplido del viento. La determinación de buitre de acero, de garrapata francotiradora, todo, lo que ya estaba establecido en esta playa infinita de arena huida de un reloj, lo que ya estaba firmado y ratificado, todo se remueve con un soplo de aire fresco.
Las drogas son un juego, el sexo es una droga, tú eres puro sexo y len, ta, men, te me consumen las ganas de jugar, jugar y volver a perderlo todo.