Archivos para Noviembre 2008

11
Nov
08

Otra de las aburridas historias de Sístole

¿Vuelves a estar por aquí?, Cuéntame, ¿qué ha sido esta vez?

Sístole entornó sus ojos hacia el gato con la mirada vacía. Era todo lo que sabía decir en aquellos instantes. No se encontraba agotado, tampoco derrotado moralmente, pero dentro tenía un malestar que  no le dejaba pegar ojo por la noche ni pensar con lucidez durante el día. Tal vez, para cualquier otro, eso no hubiese supuesto ningún problema. Para Sístole era un mundo.

Por suerte su gato lo conocía demasiado bien. Por algo era su maestro en la vida. Se acarició  sus largos bigotes y rellenó su larga pipa de fumar. El muchacho, por su parte, sacó el tabaco y también empezó a fumar. Ambos estaban en silencio, apenas se miraban el uno al otro, pero se lo estaban contando todo.

Las mujeres traían por el camino de la amargura a Sístole. Y es que este mundo tan voraz, tan lleno de cambios y tan moderno, parecía no tener lugar para un tipo tan pasado de moda como Sístole. Los poetas ya no interesan. Están bien, hacen gracia al principio pero poco más. Las mujeres ya no buscan poesía ni palabras bonitas, digan lo que digan. Náyade estaba tardando ya en perder el interés por Sístole. Eso él lo sabía, era cuestión de tiempo que la ninfa se aburriera de su poca elocuencia.

Y ahora el poeta se había vuelto a quedar sin musa. ¿Te suena la historia?

El gato y el joven, el maestro y el alumno siguieron fumando a la sombra de un gran árbol. Atardecía ya aquel día de noviembre y empezaba a refrescar. Sístole sacó su libreta. Siempre iba con ella, eran inseparables. La abrió para leer todos los cuentos, los dibujos y las poesías que había escrito a Kálare, Calíope, Azalea y Náyade.  Volvía a ser un poeta despechado de su musa, un cualquiera.

Inhaló hondo la última calada y exhaló lentamente el humo. Había llegado a la última página escrita. ¿Había llegado al momento de pasar de hoja?

Sístole se levantó y con un gesto se despidió del gato. Sacó un carboncillo de su bolsa y en el mismo aire dibujó una puerta. En segundos se materializó, la abrió y se fue a casa.

Supongo que esas son las ventajas de vivir en un mundo que tú mismo has inventado…