Cuando era pequeña, te estoy hablando de cuando tenía siete u ocho años, tenía yo una falda preciosa, bonita bonita, y un día salí a la calle con ella. Tan fascinada estaba por mi falda que me senté en el suelo con la falda bien extendida para admirar lo linda que era. Cuando ya llevaba un buen rato sentada, tocándola para asegurarme de que no solo era bonita sino que además era suave y agradable, empezó a picarme el culo. Me levanté de un salto, porque el picor era exagerado, y entonces me di cuenta de que me había sentado en un hormiguero.
Moraleja:
Las faldas bonitas conducen a la desgracia.
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