Archivos para la Categoría 'Rayadas del gordo'

09
Oct
08

delirios de un resfriado

Agárrate, que vienen curvas. Miro a mi reflejo con cara de indiferencia y me devuelve la misma mirada. Lo envidio, profundamente. Llevará la misma vida que yo, pero lo envidio.

Hablamos durante un largo rato. Alguien me enseñó una vez que por muy solo que crea sentirme, en realidad no es así. Siempre me quedará mi sombra y el reflejo que me devuelve el espejo. La mayoría de las personas ignora a su reflejo. Se cruza con él en espejos y escaparates e intercambia una fugaz mirada. Jamás se molestan en preguntarle qué tal está o cómo cree que acabará el partido del domingo. La mayoría de las personas son gente ignorante y superflua.

De todos modos, yo aprendí a hablar con él. Y es un gilipollas. Le encanta sacar siempre el tema que, tal vez, menos me guste: mujeres. Con su sonrisa de cabrón acabado me pregunta que como lo llevo, que quiénes son las dueñas de mis sueños y pensamientos. Intento evadir el tema, pero siempre acabo hablando de su sonrisa. ¿Supongo que sabías que la lengua es el músculo más fuerte del cuerpo humano, no? Yo no suelo hablar mucho, así que en mi caso no creo que sea sí. Creo que mi corazón ganaría sobradamente un pulso contra mi lengua. Mi reflejo sabe por qué. Se lo expliqué, y por una vez sentí su envidia. Dice el muy gamberro que cuando me lo propongo puedo ser bastante elocuente, y aquel día me lo propuse. Se la describí. Y sabía que se la iba a imaginar tal y como yo la recordaba, conocía tanto a mi propio reflejo que incluso sabía que adivinaría detalles sin necesidad de que yo se los contara. Pero cuando describí su fragancia se hizo el silencio. Supongo que esas son las consecuencias de vivir al otro lado del espejo.

Tal vez mañana me despierte y siga pensando en ella, es inevitable. Y seguramente pasado mañana ocurra lo mismo. Me siento intruso, ladrón. Un tipo que entra sin hacer ruido, un explorador extranjero que quedó fascinado por la belleza de las nuevas tierras por descubrir.

Seguramente mil palabras sean pocas. Seguramente mil palabras sean difíciles de escribir, sobretodo sin que la musa se acuerde de mí. Ya la he vuelto a ver, pero a ella parece ser que no le intereso. Seguramente mil palabras conquisten tu corazón. Quién sabe.

Y cae la noche, entre pañuelos usados, un ordenador portátil que poco a poco ciega mi vista, el humo de un cigarro, Jack y una lámpara de lava. Las mujeres son difíciles. Los poetas, más.

24
Abr
08

Voces

Pché, el gordo se dejó caer por aquí trayendo su mala mierda a este rincón lleno de polvo. Siento haber tardado tanto hermano, pero ya sabes, la salida de Álex me ha trastocado xD. En fin nos vemos y espero que os guste y que esto sea un nuevo buen comienzo.

Silencio. Miles de voces que retumban al unísono en un sordo lamento dentro de mi cabeza. Son fantasmas del pasado que se aparecen, borrosos, tenues, como el humo de un cigarro que se consume lentamente. El tiempo da la razón y apremia a los que saben aguardar la llegada de la musa, a los que saben ver más allá de todas esas visiones. Ser fuerte no es una condición que se pueda o no elegir; ser fuerte es un requisito que muchos, seguramente, cumplan, pero que pocos demuestran.

Susurros. Cadenas que sostengo en mis manos y me arrastran en direcciones opuestas, como si tratasen de retener cuatro vientos que soplan hacia puntos cardinales opuestos. Soy el único que cede, al único que le importo, al único que le importa lo que ocurra. Porque por mucho que yo trate de reconstruir lo dañado, aun sigo siendo un tipo que parece no conocer nada de la vida, que cree que aun puede hacer algo por alguien, que los castillos de arena que construyen son capaces de resistir mil y una olas.

Murmullos. Sonidos irreconocibles, débiles, mezclados entre sí, pero capaces de ser diferenciados, como una enorme y grotesca bandada de pájaros que suavemente se desliza en el aire pero que jamás colisionan. Cierro los ojos, pero siguen en mi cabeza. La musa intenta hablarme pero yo no quiero oírla. La muy asquerosa no ha querido saber nada de mí, desapareció. ¿Por qué? Se lo entregué todo, lo di todo, mi alma, mi cuerpo; dejé que me poseyera y me abandonó a mi suerte. Me quedé vacío, solo. Mi pilar, mi fundamento esencial se desmoronó; y con él mis cuatro soportes se iniciaban en un vaivén incesante que solo dios sabe cómo terminará.

Gritos. Lamentos, llantos, gargantas que sangran aullando victoriosas. La noche cae sin mayor motivo, como siempre, entre el ocaso y el alba me encantaría ser un gato, despreocuparme de la vida, de mí, de ti, de vosotros y de ellos. Vivir en tu tejado y sentir todos tus gritos, tus murmullos, tus susurros y tus silencios. Y mirar al cielo sabiendo que mañana será otro día, en el que, al igual que hoy, me despertaré con las manos manchadas de tinta.

Por la musa y por mi, grito, hablo, susurro, pero sobretodo callo.

paaz!