
¡Qué chiste es este! ¡Quién es ese! ¡Yo no conozco a este degenerado! ¡Mata! ¿¡Cómo que mata!? ¿¡Mata a quién!? ¿¡Por qué mata!? ¡Asesino, mal nacido! ¿¡Y qué tengo yo que ver en todo esto!? Aunque ya no hay marcha atrás, estoy metido hasta las cejas, esta mierda me ha salpicado hasta el paladar, ya no tengo elección, ¡mata a quién, por qué, cuándo! Sobre todo ¡a quién! Este mensaje inconcluso, ésta prohibida confesión a medias me trae de cabeza, ¿¡QUIÉN HA MUERTO A MANOS DE ALEX YUSTE!?
Ah, no, espera, este mensaje anónimo, no anónimo, ¡perdóname RAquEl!, pero de alguien que en principio no reconozco, adjunta un asunto, un motivo, quizás una revelación, sin duda un cadáver. ‘RE:’, dice, asegura. Posiblemente sean las iniciales de un nombre, el nombre del muerto, seguro que forma parte de su juego enfermizo, por eso lo ha escrito en código, para que me retuerza intrigado ante esta botella que ha llegado a las playas de Hotmail; Roberto Ecléctico podría haber sido su víctima, o Raquel, pero Raquel no existe, es una personificación, y ni siquiera se apellida Ecléctico, qué tontería, ¡qué mierda!, ¡pobre señora de Ecléctico!, seguro que aún no sabe nada, seguro que está sentada en casa, mirando el reloj, nerviosa, porque su hombre llega cada vez más tarde a casa, y más borracho, y la toca menos, el matrimonio es el ataúd de la pasión ha pensado cada vez más a menudo, pero está tardando más de lo habitual, ¿y si le ha pasado algo? ¡Un accidente, una desgracia!, ¿y si lo que le ha pasado es que ha encontrado a otra? ¡o a otro, pobre esposa de Ecléctico! ¡Sola, desechada como un pañuelo por un marido ingrato! ¡Infiel, perro infiel! ¿Cómo se atreve? ¡Ella que le ha dado sus mejores años! Traidor y marica, venga, apaga y vámonos. Pero volvamos al caso, quiero ser un buen detective, un gran detective, como los de las novelas, las novelas de detectives, es por eso que me he ido por las ramas, porque un buen detective quiere saberlo todo. Ahora más que su nombre me intrigan los motivos de esta muerte inútil, y los motivos por los que Alex Yuste se me confiesa por email, a mí precisamente, que quiero superarme, que sabe que no voy a parar hasta llegar al final de este asunto. Se las sabe todas, pero ha cometido un error, un error colosal: me ha subestimado. Se ha confesado con este descaro porque después piensa quitarme a mi del medio, me ha revelado esta atrocidad para, chas, dar fin a mi vida, para aliviar su culpa luego de haber cometido este atentado inconfesable, revelarle este asunto a alguien y, chas chas, acabar con él, sí, es una buena idea, acabará cayendo en un círculo vicioso, en un bucle sangriento, pero lo alivia a corto plazo, no sé, no entiendo qué puede sentir sobre eso, no puedo evaluarlo, ¡yo no he matado a nadie! ¿Yo no he matado a nadie? ‘te acuerdas?’, sigue, ¿que si me acuerdo de qué? No sé de qué me estás hablando, Alex Yuste, te aseguro que no. No tengo nada de qué acordarme, no tenemos nada en común, no te conozco, no entiendo por qué quieres meterme en esto, soy un detective honrado, un agente de la ley, de la justicia, no puedes probar nada porque no he hecho nada, has cometido otro error querido, me has encontrado las cosquillas, no vas a salir impune de esta, te lo aseguro, eres un arrogante, un descuidado, te estás enfrentando al mejor, porque seré el mejor, y tu caso solo será una línea que engrosará una enorme lista de casos que me he pasado por la piedra, ¡claro que lo haré! Lo abriré y te cerraré esa bocaza, no puedes retarme a abrir un mensaje y esperar que no lo abra, que me quede aquí asustado o que me olvide y pase a leer otros mensajes, ¡no recibo otros mensajes! Bueno, sí que los recibo, pero solo son noticias sobre videojuegos, boletines de páginas donde aparecen hombres y mujeres, o mujeres solas, o mujeres y droides dotados de monstruosas prolongaciones practicando sexo (no he querido ser pedante, tengo sabido que el término “pornografía” forma parte de un movimiento que ya pasó a mejor vida), y de gente que está muy interesada en venderme viagra, cosa que no entiendo, no me imagino quien ha podido incluirme en una lista de potenciales compradores de viagra, la tengo como una roca, a cualquier hora y en cualquier situación, incluso ahora, sí, es inhumano, la tengo morada desde los once años. Pero volvamos a este suceso escalofriante, volvamos al caso del confeso asesino Alejandro Yuste, cuyo segundo apellido aún desconozco, incluso puede que el nombre sea falso y él sea en realidad el difunto Roberto Ecléctico, nunca se ha de subestimar la mente de un maestro del crimen. Abriré el mensaje, solo estoy a un click, con un golpe de ratón lo sabré todo e iré a por ti. Ojalá que leas esto mientras lo abro porque quizás sea mejor para ti el suicidio después de todo, tuviste tu oportunidad y la jodiste, bien, bien jodida, y si algo nos quiso transmitir DIRECTOR en atrápame si puedes, si algo quiso dejar más claro que nada es la precariedad del sistema penitenciario francés en los setenta, oh la la, con lo maricas que parecen, muy democráticos, muy europeos, mucha liberté y mucha egalité, pero resulta que si le pones Napoleón a tu cerdo te crujen (seguro que el dato te ha sorprendido, pero esta es la clase de cosas que tiene que saber un detective para ir siempre un paso por delante). Ni los presos quieren a un extranjero, un asesino y un follacabras como tú en la cárcel, así que prepárate para ser la puta de un montón de gabachos. LOIS Y CLARK, YUSTE. Es irónico que Superman esté ahora mismo en mi televisión acabando con el malo, con el asesino de un padre de familia infiel pero honrado, si es que se puede ser infiel y honrado a la vez. ¿Qué te parece eso, eh? Se acabó, voy a abrirlo, sólo quería prepararte para lo que te espera, el corazón me traiciona a menudo.

Odio los mails-pastel.